viernes, 5 de julio de 2019

LOS TESOROS DE SACAMBAYA

En agosto de 2017, el veterano cazador de tesoros Shawn Capuchas, Jeremy Whalen y Jack Peters llegaron a Bolivia junto a personal de Discovery Channel, con el objetivo de ir tras el legendario tesoro de Sacambaya; expedición que fue grabada para la famosa serie “Treasure quest” (Búsqueda del tesoro). 
A este equipo internacional se sumó el cochabambino Javier Cortés Barrientos, como guía bilingüe, experto en minería y manejo de equipo pesado.
Cortés relata que la primera actividad y -quizá una de las más estresantes- fue viajar por la carretera a los Yungas, también conocida como el Camino de la Muerte. Una vez que llegaron a Inquisivi, el equipo se organizó para armar el campamento. 
“Trabajamos durante 10 semanas continuas. Todo el tiempo estábamos en el monte, comíamos y dormíamos allá. Durante ese pe-riodo, las cámaras no dejaron de filmar”, añade. 
Conocedores de la geografía de la zona, el staff de los buscadores de tesoros llegó con equipo de última tecnología.
Este tipo de adelanto tecnológico les permitió hallar muchos objetos, aunque tendremos que esperar hasta el último capítulo de la serie para saber el gran desenlace.
“Se hallaron herraduras antiguas, monedas de la época, clavos, objetos jesuitas y otro tipo de cosas que podrán ser apreciadas en el programa”, asegura. 
Durante los dos meses y medio de filmación, Cortés guió y colaboró con los buscadores, quienes pusieron en práctica todos sus conocimientos. “Shawn Cowles es uno de los expertos en tesoros, que apenas veía una pieza determinaba su data”, dijo. 
Para este boliviano, la experiencia de lanzarse a buscar tesoros perdidos le dejó gratos recuerdos y la producción dejó entrever que quizá podrían volver a seguir investigando en suelo nacional. “Me encantaría contarles que se halló y si se seguirá buscando, pero será mejor que ustedes mismos lo vean”, dice. 
Uno de los factores que tenía inquieto a los protagonistas del programa era el tema de las maldiciones sobre el tesoro pero, por suerte, tras finalizar el recorrido a los Yungas ellos estaban seguros de que todo estaba bien. 
“Sí pasaron cosas raras que -incluso y a pesar de la tecnología- no se pudieron evitar. Hubo percances que pudimos solucionar en el camino pero, no tuvimos hechos trágicos, como en otras expediciones”, finaliza Cortés.

lunes, 3 de junio de 2019

La Leyenda del Silbaco o Silbador





Todo comenzó en un alejado pueblo que a ciencia cierta no se sabe donde se encuentra ubicado con exactitud, una pequeña comunidad donde cuentan los campesinos que un muchacho alegre y laborioso, siempre diligente para con los demás, había heredado el oficio de leñador. La leña era transportada a lomo de burro para su venta en los pueblos más próximos a su comunidad; Pedro, que así se llamaba, tenía la costumbre de silbar mientras caminaba o trabajaba, se distraía silbando para olvidarse del tiempo o para acortar la distancia, a veces, mitigaba alguna pena con las melodías que producía a través de su silbido; silbaba sin esperanza en sus tristezas y alegrias, pero siempre silbaba.
Se dice que cierto día conoció a una muchacha de su comunidad, de la cual se enamoró perdidamente, amor que fue correspondido a plenitud por la fémina. Pedro gustaba ofrecerle serenatas con canciones de su propia inspiración, o simplemente, al retornar de su día laboral, la despertaba en las noches con su inconfundible silbido potente e imposible de no reconocer. Tuvieron un hijo y Pedro decidió bautizarlo por cuenta propia, desde ese entonces una maldición se habría cumplido y fue castigado.
Pedro había adelgazado de forma acelerada y notablemente a tal punto que su palidez era notoria, daba la impresión de que hubieran aumentado de tamaño sus ojos, se hubieran caído sus hombros, las manos le llegaban por debajo de las rodillas de forma totalmente desproporcionada. A la hora de comer no se llenaba con nada, dos gallinas cocidas y una gran olla de comida era poco. Se pasaba el tiempo comiendo y masticando todo cuanto encontraba a su paso con una hambre insaciable.
Todo esto sucedió hasta que un día quiso terminar con la vida de su familia y entonces con la ayuda del sacerdote del pueblo fue amarado y quemado. Se dice que el infortunado leñador se transformó en una pequeña y frágil avecilla de color blanco, dio un revoloteo alrededor de la hoguera, levantó vuelo y se perdió en la noche emitiendo un delgado silbido, largo, profundo, penetrante, electrizante.
Desde ese entonces cuentan que imitarle, cuando se escucha un largo silbido, es exponerse a quedar mudo, quedarse tartamudo o exponer la vida por un ataque al corazón. En ocasiones cuando se le escucha silbar muy próximo es quedarse quieto, persignarse o decirle respetuosamente en voz baja: – Pedro, por aquí no anda María.
Este espíritu al ser imitado procede a perseguir de manera agresiva a la persona que lo imita haciendo escuchar cada vez mas cerca su silbido.
La señal mas clara de que el espíritu esta por tu vecindario es un característico ruido de huesos que chocan usos con otros, se cree que los lleva en un saco, colgado en su hombro. Para cuando se empieza a oír el "crac-crac", tal vez es demasiado tarde.

martes, 14 de febrero de 2017

El Puente de Melgarejo





La alegría reina en la fiesta, es el matrimonio de su mejor amigo y era su deber acompañarle y desearle las congratulaciones consabidas.

Junto a un grupo de amigos, Remberto, departe amigablemente al calor de la bebida, aquellos años mozos cuando niños solían deambular por todas las campiñas de Tarata, en son de "mack'unquear" las sabrosas frutas aún frescas que colgaban de las huertas de toda la región.

De pronto la conversación se centra en el famoso puente de Melgarejo construido sobre el río Pilimayu junto a un centenario árbol de ceibo, donde el ex-presidente solía bailar y tomar la deliciosa chicha junto a sus amigos y las infaltables cholitas, festejando sus triunfos.

— Dicen que a altas horas de la noche, el General aún festeja en ese lugar sus triunfos, -comenta uno de ellos--- Es verdad, dicen que a don Jacinto se le había aparecido Melgarejo en persona que estaba junto a una hermosa cholita.

— Qué ca... todo es mentira, cómo es posible en tiempos como estos aún se tenga esa creencia en apariciones, —arguye Remberto-- cortando la conversación para continuar bebiendo.

Transcurre la medianoche, cerca al amanecer, Remberto, aún entre copas, decide recogerse a su vivienda. Se levanta de la silla, donde había estado dormitando bastante tiempo, levanta su sacón y sale.

Es una fría y oscura noche, un silencio sepulcral presentan los callejones serpenteantes que se pierden en el silencio de la noche de Tarata. Con paso lento, pero seguro, avanza el hombre, en tanto se escucha el canto lejano de un gallo, anunciando el amanecer.

La luna alumbra tenuemente el ambiente, que es suficiente para que él se pueda orientar hasta llegar al famoso puente de Melgarejo. Cuando se dispone a cruzarlo, siente que algo se le enreda en los pies. Se inclina y descubre que un ovillo de lana se le había envuelto por todo su alrededor. Un poco molesto por este imponderable, intenta desenredarse y en eso siente la presencia de una persona.

Al levantar la vista, estaba ahí, junto al ceibo, alumbrado levemente por la luz de la luna una hermosa chola de grandes ojos, labios carnosos y seductores; turgentes y endurecidos pechos envuelta en un manto negro; junto a ella sentado a los pies del árbol con su capa y espada toledana y sombrero alón de alta ancha el General Melgarejo.

No puede dar crédito a lo que sus ojos están mirando, restrega los mismos y al volverlos a abrir, la imagen de la aparición continúa. Es tan grande la impresión que sus piernas flaquean y no le responde, es decir, quedan paralizados, instantes en que la imagen se va disipando y todo queda tal como antes, en silencio.

Retorna a su vivienda y no puede conciliar el sueño, la imagen en su mente se repite en forma constante, sabe que nadie le creerá lo que vio.

Muchas personas atestiguan y testimonian, con sus propios ojos que ven la imagen de Melgarejo algunas veces sentado al pie del ceibo o en otras montado en su caballo blanco y junto a él una chola muy hermosa. De ahí que, nadie pasa por ese lugar a determinada hora de la noche, por temor a encontrarse con la chola o Melgarejo; los táratenos en su buena fe piensan que los dos deben estar juntos por los siglos de los siglos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

LA VIUDA ALEGRE

Cuenta mi abuelo, que cuando él era joven, allá por los años 1900, un día fue a una fiesta en el pueblo, que se llama Padcaya en el departamento de Tarija, el vivía a unos tres kilómetros del pueblo, para llegar al mismo tenía que cruzar el rio cabildo, bueno la historia es que la fiesta estaba animadísima, la chicha comenzó a calentar los espíritus y el cuerpo, comenzaron los jóvenes a lanzar las coplas a las mozas y copla va y copla viene. El ambiente se puso sabor a verano, las mujeres comenzaron a bailar la rueda y la cueca y los mozos sin la timidez que tenían al comienzo, se embriagaron de pasión y cada cual agarro su chapaca y mi abuelo quedo solo, pero no toda la noche fue así, al promediar las 11 de la noche, entro a la fiesta una chapaca vestida de negro, que fue la atención de todos los mozos y mi abuelo ni corto ni perezoso, se acercó a ella, le invito un mate de chicha, a lo que ella acepto y sin más formaron la pareja de la noche, bailando, cantando coplas, y la pasión se encaramo en el cuerpo de mi abuelo cabalgando como un potro sin control, cerca de las doce de la noche, ella le musito al oído que si el quería, la llevara donde estén solos, y no fue más, la tomo de la cintura, la saco de la fiesta y la subió a las ancas de su caballo, el cual relincho al sentir el cuerpo de la moza y se puso brioso, y lanzo el pique pa el campo abierto, llegaron al rio, lo cruzaron y bajaron debajo del puente, en cuanto la mujer se bajó, el caballo se encabrito, relincho y como si el alma lo llevara el viento galopo dejándolos solos, mi abuelo no se cambiaba por nadie, estaba con la moza más apetecida de la fiesta y el orgullo le subía al rostro lo mismo que la pasión, con pasión empezó a besarla y fue correspondido, se acostaron a orillas del rio y en el mismo instante que él se alistaba como hombre y ella como mujer, sonaron las campanas del pueblo que daban las doce de la noche y como si llegara el invierno de repente sintió una ráfaga fría y un olor de ultratumba se volcó para verla a ella y se topó, con una calavera que reía a todo pulmón, no se acuerda que es lo primero que hizo, pero los pelos se le erizaron haciendo chispas y le broto sangre de las narices y la calavera seguía riéndose, como pudo se paró, corrió hacia el pueblo y lo último es que llego a la fiesta tartamudo y lleno de sangre el rostro y solo atinaba a repetir, era mandinga, todos salieron a buscar a la mujer debajo del puente y solo encontraron las huellas que habían estado dos cuerpos acostados y nada más, desde esa noche en el pueblo, todos los mozos tenían el cuidado de no escoger a cualquier moza y menos si vestía de negro.

jueves, 15 de octubre de 2015

Los Tesoros de Tanga-Tanga


 En el año de 1200 el Soberano del Cuzco, Inca Roca redujo a obediencia a los indios charcas incorporando el extenso territorio de su dominio a la jurisdicción del gobierno central, y que concedió por privilegio especial acordado el momento mismo de la rendición, que fuera un miembro de la real familia quien gobernara el pueblo charca y organizara el distrito en condiciones de superior jerarquía, componiendo su Corte de amautas, ñustas y jampiris presididos por el Gran Sacerdote, a fin de que Choke-chaca fuese siempre una capital importante, a cuyo embellecimiento y riqueza contribuiría los tesoros argentíferos de Porco y los inagotables lavaderos de oro del oriente, más tarde denominados El Dorado Chico y Mandinga.
Y Choke-chaca fue esa ciudad indígena de privilegio para el Inca, ciudad cuyo caserío tendido en las faldas del Churukjella y rodeado de jardines y campos de eterno verdor, concentró en sí todo lo más granado de la aristocracia de Charcas y supo dar frecuentes e indudables muestras de valor, cultura, y lealtad a la causa del poderoso imperio incaico.
Era la agricultura la dedicación constante de la población, todos trabajaban, todos contribuían al bienestar común empujando el arado sin distinción de edad ni sexo y abriendo el surco donde había de levantarse el gallardo maíz de apretadas mazorcas.
Pero cierto día la actividad agrícola fue brusca y dolorosamente interrumpida por las noticias en todo el imperio por las cachas, ágiles y resistentes corredores que hacían el servicio de comunicaciones de la Corte, quienes habían transmitido que hombres blancos y barbudos que despedían rayos y que cabalgaban en bestias feroces aprisionaron al emperador en Cakca-marca, lo que para darle libertad exigían enormes cantidades de plata y oro en rescate.
Veinte días pasaron ya desde que fueran conocidas las noticias de Cakca-marca, y de todos los puntos de la provincia transmitíanse al Gran Cacique gobernador en Choke-chaca los sentimientos pesarosos de los súbditos de Atahuallpa, cuya conducta traidora para con Huáscar, el legítimo soberano del Cuzco, no era bien conocida en las provincias interiores del sur. Junto con los cachas mensajeros empezaron a llegar las contribuciones de metal precioso de todas partes, destinadas al rescate, las que debían acumularse en los sótanos de la residencia imperial para luego ser remitidas hasta más allá del lago grande y presentadas a los extranjeros que hostilizaban al representante de Inti en la tierra. Eran grandes cuevas por muy poco conocidas, donde ya existía oro y plata en gran abundancia, y sólo se esperaban al Cacique de los taraphucus para organizar la expedición que había de marchar veinticinco leguas al norte y traspasar allí el tesoro a otra expedición que, después de recorrida igual distancia, haría idéntico traspaso a una tercera y así sucesivamente hasta llegar a la ciudad donde estaba preso el monarca.
Llamábase Tanga-tanga al Cacique de los taraphucus y era él quien a punto de medianoche de un día caluroso y reseco, presagiador de tempestades, avanzaba con paso cierto y andar seguro hacia el Abra del Sol, guiando una ringlera de hombres cargados de pequeños fardos de metal precioso destinado al rescate del Inca. Una legua escasa faltaría para llegar al abra de donde se dominaba el panorama de Choke-chaca, cuando cruzo en su camino y se detuvo ante el mensajero enviado por el Gran Cacique para comunicarle que volviese para atrás con los tesoros, ya innecesarios, puesto que el Inca había sido muerto por los extranjeros que invadieran el Imperio.
Tanga-tanga escuchó sin interrumpir la relación del mensajero; hosco el semblante y torva la mirada quedó  abstraído largo rato, cual si meditara sobre la orden que acababa de recibir. La columna de cargueros no dio un paso y más parecían todas estatuas de sombra que hombres en trabajo: tenían la vista fija en el suelo y ni respirar se les sentía.
Pasados algunos minutos volvió a los que guiara y alzando al cielo las manos crispadas exclamó con voz que en vano procuraba hacer tranquila:
— El Inca ha sido asesinado; nosotros no podemos vivir cuando él ha muerto. Oídme bien, junto a aquella roca saliente que está al pie del adoratorio, a la altura de media montaña, existe una cueva inmensa, que será mi tumba y la vuestra. Vamos allí.
La caravana sombría siguió el camino de ascensión que emprendió el Cacique. Cuando llegaron al punto señalado empezaba a clarear el alba.
Por orden de Tanga-tanga los indios dejaron en el suelo sus fardos y empezaron un trabajo violento y desesperado por mover una gran piedra empotrada en posición casi vertical. Una hora después la piedra cedió ligeramente y quedó descubierta una sima horrorosa y profunda. Tanga-tanga penetró con paso firme y ordenó a sus hombres seguirle conduciendo sus fardos. Una vez todos adentro mandó:
— Ahora, horadad abajo, donde reposa la piedra, para que vuelva a su antigua posición.
Los indios obedecieron silenciosos, con trabajo mecánico y febril, y la piedra cayó estrepitosamente sobre la boca obscura de la caverna cerrándola para siempre... para siempre.
Pasaron algunos años. La invasión conquistadora había sembrado el terror por dondequiera que pasó, y la población indígena huía a las montañas y se internaba en lo más profundo de los bosques, allí donde creyó que no llegaría el temerario español en busca de nuevos tesoros y nuevas aventuras.
La capital del distrito de los charcas vino a menos, fue abandonada por la mayoría de su escogida población y presentaba aspecto desolado, cuando llegaron "por las alturas del norte" los españoles del grupo de Gonzalo Pizarro y fundaron La Plata sobre las construcciones ruinosas de Choke-chaca.
Años después Diego del Castillejo, hijo de uno de los fundadores de mayor predicamento, era apuesto y galán. Conoció a la nieta de Titu, aquel valiente defensor de Choke-chaca que tanto miedo sembrara en las huestes atacantes de Pizarro, y se enamoró de ella siendo correspondido. Pero como apuesto y presumido, como galán y tornadizo, como joven e inquieto, pronto se sintió hastiado con las caricias de la india y decidió marcharse de La Plata.
Cierta ocasión dijo:
Me envían a Potosí y en breve partiré. Siento dejarte llorosa y afligida, pero el deber lo impone...
No es el deber -replicó ella prestamente- es la ambición. En Potosí han encontrado mucha plata y es el deseo de obtenerla lo que allí te guía; pero si tú quieres y no bastan mis amores, yo te daré cuantas tú quieras... ¡mas no te vayas! ¡No me dejes...!
Es preciso, observó él, que marche a Potosí. Las riquezas no me atraen; pero si tú me las ofreces así, tan generosa-mente, yo te las acepto, porque nunca están demás. Aplazaría el viaje por muchos meses-Mañana tendrás lo que deseas, dijo ella. Y se separaron.
Al anochecer del otro día la pareja subía con lentitud hacia una barriada pendiente, cruzando calles estrechas y pasadizos poco transitados. Llegados los amantes a las postreras huertezuelas de Guaya-paccha y ya en medio de sombras silentes, pidió ella cubrirle los ojos y conducirle así al lugar donde se encaminaban. Aceptó él la condición, y con un pañuelo atado en la cara y tomado del brazo de ella siguió el camino, largo aún y áspero. Subieron, bajaron, torcieron a la derecha, a la izquierda, volvieron a subir, volvieron a bajar y por fin se detuvieron.
Él notó que ella operaba sobre el suelo moviendo pedruscos y rompiendo ramajes, luego fue impulsado a descender una escala resbaladiza, cayó varias veces pero al fin llegó a sitio plano. Entonces, ella hizo luz y fomentó una pequeña hoguera, a cuyo débil resplandor quedó él deslumbrado por el inmenso tesoro que tenía ante sí.
Toma lo que quieras -dijo la joven india mirando con ternura a su amante- ahí tienes oro y plata y piedras preciosas cuantas quieras pero date prisa, porque es preciso volver ya. Por ti está mi vida en peligro, por tu amor. Si supiera alguien que tú estás aquí me darían muerte atroz. Vamos ya, lleva cuanto puedas.
Él, no se hizo repetir la orden y llenó los bolsillos de las calzas, la escarcela, los pliegues del jubón y aún la gorra, con cuantos objetos de oro estaban al alcance de su mano en medio de aquel formidable amontonamiento de riquezas metalíferas.
Volviéndole a cubrir los ojos retornaron a la ciudad en la misma forma y con iguales accidentes que a la subida.
Castillejo no partió a Potosí ni los amores se interrumpieron. Lejos de eso, él se mostró cada día más enamorado y era ella cada día más feliz, sin que eso le impidiese conocer cuánto su amado ansiaba dinero y cuan insensatamente lo derrochaba.
Dos meses pasarían desde la singular y misteriosa visita al tesoro oculto, cuando él, que había meditado un plan traidor, ella pidió una nueva entrega de oro para responder a las exigencias de su vida cortesana y a las obligaciones resultantes de sus costumbres disipadas. Siempre estaba en sus labios la amenaza del viaje a Potosí y siempre estaba en el corazón de ella el temor de perder a su amante.
Ofreció ella cumplir con los deseos de él, y él se preparó a la visita del tesoro llenado con granos de maíz la grande escarcela preparada para el efecto.
La noche señalada partieron ambos y él tuvo el cuidado de marchar observando bien la ruta y marcándola aquí y allí con pretextos que para ella no fueron inadvertidos. Cuando llegaron al campo abierto él empezó a dejar caer disimuladamente los granos de maíz, que otro día le conducirían al tesoro del que podría apoderarse completamente. Ella notó la traición pero permaneció silenciosa. Tenía el corazón oprimido, intensa palidez cubría su bello rostro, descompuesto por la ira y la decepción ya indudable, de los sentimientos del ser amado.
Complaciente él y disimulado dejó que vendaran sus ojos y dirigir hasta el fondo de la caverna guardadora de los tesoros; invitó ella a tomar lo que quisiera, pero él, ya con mayores perspectivas, se limitó a contemplar riquezas que consideraba suyas, poniendo en la escarcela sólo algunos tejos de oro.
De pronto ella, salvando un abismo de silencio que se había abierto entre ambos amantes y como dando escape a un pensamiento doloroso, dijo con voz temblorosa y atormentada:
— Capitán, me has engañado. Tratas de apoderarte del tesoro de Tanga-tanga, cuyo secreto sólo los míos conocen. Mi vida está en tus manos si se descubre que yo por tu amor, he hecho traición a los de mi nación; pero tú no saldrás ya de aquí y tendrás todo el oro que quiere tu ambición. ¡Tú serás el eterno guardián de los tesoros de Tanga-tanga.

Y presta como una vicuña, antes que él volviera de la espantosa confusión que le habían producido las primeras palabras de la engañada, mató la pequeña hoguera con los pies y corrió hacia la salida de la cueva. Él la siguió implorante, pero ella al par que corría ascendiendo por vericueto conocido, lanzaba piedras hacia atrás. Una vez fuera de la sima, colocó afanosamente los pedruscos y ramajes que disimulaban la entrada y se dejó caer sobre el riacho de cauce profundísimo que corta el sendero por la izquierda, para retornar a la ciudad por camino distinto del que había seguido cuando salía tiernamente acompañada por el traidor que meditara su perdición.



Corregidor Don Diablo


Cerca de Potosí existe un pueblo llamado Paucarcollo, célebre por haber sido gobernado durante siete años por su majestad cornuda en persona, allá en los primeros tiempos de la Conquista.

Pues, señor, un día de esos, se presento en el mencionado pueblo un caballero de capa colorada, a tomar posesión del corregimiento, con despacho en forma del mismo Virrey de Lima; visto lo cual se le entregó el mando sobre la marcha.

Nadie sabía quien era ni por donde había venido, aun él protestaba ser de raza española y se daba ese tono y ese aire de importancia que se dan, cuando les sopla el viento de la fortuna los que nada valen y de ella tienen conciencia.

Poco tiempo tardó para que los vecinos empezaran a sospechar que su nuevo corregidor era el mismo Diablo; y sus sospechas crecieron cuando observaron que la daba de beato, aunque sin querer nunca penetraba en la iglesia; pues no oía misa ni en los días de fiesta; aunque el mismo se colocaba en la puerta del templo, los domingos yapuntaba en un libro, ( rojo que había de ser puesto que era del diablo) a todos los vecinos que iban a la misa, a los que después les hacía aplicar cincuenta azotes en la plaza pública, por esta falta y para corregir la indevoción, con él dacía
“ Él, entre tanto, dice Flavio, se paseaba a largos pasos por la plaza frente a la parroquia, mirando al soslayo a la puerta, envuelto en los anchos pliegues de su capa colorada”.
Fiscalizaba hasta la vida privada de todas las personas y era tan excesivamente severo con los pobres indios, que ya los tenia desesperados, jamas aflojaba la capa roja y bajo de ella un gran sable, que es el arma favorita de los diablos, Visitaba a todos los del lugar , menos al cura , pretextando que no era de sus mismas opiniones en política.

Muchas veces se había pensado en hacer una revolución para derrocar a tan odioso corregidor, pero apenas un individuo pensaba en esto cuando ya estaba preso; así es que el corregidor infundió tal miedo en el lugar que ya todos se conformaron a soportar tan endemoniada tiranía.

En tal estado se hallaban los infelices habitantes de Paucarcollo, cuando un día, y como caído del cielo, llegó un santo misionero, al que con la mayor reserva del mundo, algunos vecinos honrados vecinos manifestaron sus sospechas respecto del maldito Corregidor.

“ Hijos míos, les dijo el religioso: puede ser que efectivamente vuestro corregidor actual sea el mismo demonio en figura humana y que Dios haya permitido que él os gobierne, a él entrenados por vuestras culpas. Lo mejor es hacer penitencia para que Dios se digne libraros de él, y gracias a que estamos bajo el gobierno del Rey nuestro señor, que bajo el régimen monárquico, el diablo puede aspirar a ser Corregidor cuando más; pero yo os profetizo que día vendrá que en estos países de América desconozcan la autoridad paternal de los reyes de España y reclamen la república... Entonces, hijos míos, el rabudo no se contentará con un humilde corregimiento y aspirará a puestos mejores en las repúblicas de esta América Española”.

Al día siguiente de esta conversación, el misionero que no sabia que pensar acerca de este misterioso corregidor y de las mil diabluras que a él le habían contado los vecinos más respetables del pueblo, resolvió encaminarse a visitarle y observarle atentamente.

Encontró al señor corregidor que era de elevada estatura y de larga barba, paseándose en su salón, siempre envuelto en su capa roja, se sentó junto a él, después de saludarse ambos muy cortésmente, y como le sintiera cierto olor a azufre, de golpe le leyó un exorcismo cuando él menos lo pensaba. “Hubo un trueno terrible, una llamarada de fuego salió de la tierra y el corregidor, convertido en lo que realmente era se hundió en ella “.


Todavía se ve la piedra partida, por donde, juran todos los habitantes de Paucarcollo, que el diablo se volvió a los infiernos, después de haber estado allí siete años de corregidor.

sábado, 3 de octubre de 2015

El Puente del Diablo




Esta historia se paso de padres a hijos por muchas generaciones. Cuenta mi padre que en su pueblo Potosi-Bolivia hay un antiguo puente este dicen ser mas que un solo puente , ya que relata:" un joven campesino estaba enamorado de una joven indígena muy Bella hija del alcalde del pueblo , ellos se veían a escondidas ya que su padre no aceptaría al chico por ser de familia humilde.
Un día su padre sale por la noche a caminar y los encuentra , el chico y el señor empiezan a pelear y su hija los detiene, entonces su padre concibe una idea, :"si quieres a mi hija pagaras con dinero el amor que tienes , pero este tendrás que tenerlo en una semana", el chico sin pensárselo viaja a la capital y trabaja de cosas que hasta un animal no trabajaría pero lo consigue.
Al quinto día decide volver ya teniendo dinero suficiente para cumplir con el acuerdo del padre de su novia , decide viajar en camión ya que autobuses no llegan al pueblo, este tarda por raros problemas que salen al camino, bueno total que el ultimo día esta a punto de llegar, solo falta que pase un barranco que al otro lado esta el pueblo, pero empieza a llover y llover, el chico desesperado pide ayuda al diablo, quien contesta a su petición y le dice que al cantar por la mañana el gallo su alma le sera suya, el chico desesperado acepta, entonces el diablo se pone a trabajar, picando piedras, haciendo dicho puente, el joven se da cuenta que hizo mal y pide ayuda a Dios.
De repente en la ultima piedra del puente, se posan varios ángeles no permitiendo que termine el puente.
Así en la mañana canta el gallo y el muchacho salva su alma pero desde entonces el puente queda siempre con incompleto en una lado sin una piedra, dirán que se coloca una y ya, pero yo lo intente, pero eso de la noche aparece una neblina y por la mañana se ve en el lugar del puente que la piedra se ¿deshace??? y que a la media noche aparece en medio del puente un hombre que mira el lugar que falta y se posa en ese mismo lugar, desapareciendo por la mañana y volviendo en las noches mas frías que nadie aunque por broma no se podría ya que el "frió" no te dejaría descansar, testigo de lo que paso aquella noche entre un hombre y el diablo...

El Jichi de Iserere




El Beni es paisaje saturado de belleza: de día fascinante y sombrío de noche. Tiene imán para el peregrino que pisa su suelo y hace amistad con su gente. Así es esta tierra, solemne templo vegetal de nuestra geografía.
Sus pueblos diseminados en su extenso territorio, guardan mucho de lo añejo. En estos lugares como en cualquier otro punto de Bolivia, los viejecitos también gustan contar narraciones de maravilla y fábulas que pertenecen a la rica literatura oral de la región. De uno de ellos escuché la leyenda del Jichi de Iserere que hoy te cuento, amigo lector.
Iserere es el nombre de una laguna que se encuentra aproximadamente a dos Kilómetros del pueblo de San Ignacio de Moxos, de aquel departamento. Sus habitantes creen que allí mora un espíritu encantado y protector del lugar a quien le llama el Jichi de Iserere.
Iserere es nombre propio de persona en dialecto ignaciano. Algunos informantes aseverar que es mala pronunciación del español Isidoro o adaptación de este apelativo a la fonética ignaciana.
Jichi en las creencias y supersticiones de habitante del ámbito oriental boliviano es el ser fabuloso protector de una laguna o porción de agua. Es deidad acuática. Mora dentro de las aguas: y antiguamente el pueblo temía acercarse a los lugares en que se decía habitaba un Jichi.
Según creencia generalizada, cuando el Jichi se encoleriza, encrespa sus olas, forma remolinos y despliega poderes sobrenaturales para atraer a las personas y hacerlas desaparecer en el fondo de sus aguas.
Jichi, también es el nombre de un diminuto insecto que se introduce en la piel y causa una sarna pertinaz; pero esto simplemente amanera de información, que ya es tiempo que relatemos la leyenda.
Era un extenso yomomo, lugar húmedo y fangoso donde el transeúnte puede hundirse si camina desprevenido. Los vecinos habían cavado allí un paúro, nombre que se da al pozo de agua o vertiente, en donde se aprovisionaban del líquido para el consumo diario.
Una tarde, una mujer acompañada de su hijo fue al paúro a recoger agua. Llenó su cántaro y luego lo colocó sobre su cabeza y cuando se disponía a regresar su camino, advirtió que su hijo ya no iba a su lado, había desaparecido misteriosamente.
Le buscó por todo lado creyéndose víctima de una jugarreta del pequeño y al no encontrarlo desesperada, comenzó a gritarle por su nombre:


— ¡¡Isereréééé!... ¡¡Isereréééé!!...


En principio no tuvo respuesta; pero luego, escuchó que el niño contestaba aterrado, desde el fondo del yomomo.

— ¡¡Mamaaaaá!!... ¡¡Mamaaaaá!!...

Y mientras la madre más desesperada gritaba, la voz más se alejaba como si la persona fuera sumergiéndose más, hasta que llegó el momento en que se perdió la voz y cundió sólo el silencio.
Un terrible silencio.
De ese modo se formó la laguna, que es "un encanto". Tiene por Jichi al niño que se llamaba Iserere.



La Leyenda del Guajojo


Cuenta la leyenda, que hace algunos siglos en una antigua tribu de la Chiquitanía, existía una hermosa joven: hija del cacique de la tribu y esta muchacha se enamoro de un joven de un estatus menor que de ella, pero el amor pudo más que las clases sociales y ambos se venían a ocultas para demostrarse su amor.

Cierto día, el padre de la joven se entero de la aventura romántica de su hija y decidió ponerle fin, por medio de engaños llevo al novio de su hija a la selva y cuando estuvieron muy adentrados en la selva, el cruel cacique asesino al joven.

La muchacha presintió que algo ocurrió con su amado y corrió hasta la selva tan solo para ver que su amado yacía sin vida en el suelo cerca de su padre: la dolida joven en medio de llantos reclamo a su padre lo acontecido y dijo que se lo diría a todos en la tribu, entonces su padre: que también era un chamán hizo una terrible acción para evitar que su hija lo delatara, por ser descendiente suya, no se atrevía a matarla, entonces por medio de su magia la convirtió en una horrible ave nocturna, pero antes de que la metamorfosis se completara, la muchacha alcanzo a pronunciar el nombre de su amado “Guajojo”.

Desde entonces, durante las noches en la selva se escucha el estremecedor y triste sonido emitido por esta ave maldita, reclamando el asesinato de su amor.

El duende


           

Santa Cruz ha crecido a la sombra de mitos y leyendas que hasta el día de hoy suelen escucharse, sobre todo en el ámbito rural.
Las historias del duende, por ejemplo, han pasado de generación en generación contando las ocurrencias de ese personaje pequeño que se presenta con el aspecto de un niño de cinco o siete años, siempre descalzo, vestido con una camisa larga y con un sombrero grande de paja en la cabeza. Es considerado un espíritu travieso e irritante, que persigue y tira objetos a las personas, echa piedras, tierra o bosta a la comida, juega con los niños cuando están solos y muchas veces se los lleva lejos de sus casas, pero siempre aparecen con monedas, flores, juguetes, cuchillos o dulces que el duende les obsequia.
Germán Coimbra Sainz, en su libro Relatos Mitológicos hace un análisis sobre esta leyenda, donde señala que el duende llegó a Santa Cruz en 1542. “Vino en las naves de Domingo Martínez de Irala, y saltó a la tierra. Desde entonces mora en todos sus confines”, apunta. Explica también que el duende cruceño tiene las mismas características que el europeo y que no ha sufrido mestizaje como en otras regiones de América, donde a veces se lo confunde con seres míticos indígenas, y la única innovación que presenta es su adaptación al medio.
Las historias que se cuentan alrededor de la figura del duende son variadas, así como las recetas para ahuyentarlo cuando está cerca. Se dice, por ejemplo, que es bastante aseado y repugna todo lo que sea asqueroso.

domingo, 27 de septiembre de 2015

La Leyenda del Dos Pistolas

Juan Navajas Paz


Cuentan las viejas agoreras que hace mucho tiempo por el sector sud del Fortín Margarinos en el Gran Chaco, una figura sin cabeza aparecía entre las doce de la noche, subiendo y bajando sin destino sin forma al compás de un trote pesado y cansino. Jinete y caballo despedían por las cuencas de sus ojos ascuas de relámpagos. Al aparecido lo llamaban "Dos Pistolas".

Decían que era el ánima de un cuatrero, de un bandido tan malo como la yarará, que perseguido por la justicia argentina, se refugió en territorio boliviano y fue denunciado y reclamado por la Gendarmería del vecino país…

Cuentan que cayó el cuatrero en una operación de limpieza efectuada por el ejército boliviano contra los indeseables que abundaban en el sector.

Juzgado por las autoridades militares, fue sentenciado a la horca. El criminal vanamente intentó rezar alguna oración... tarde comprendió que se había alejado demasiado de Dios. Lo sentía en la muerte caminando al cadalso. Así quedó colgado en las ramas más altas y resistentes de un quebracho.

Desde ese día por las noches en el sector, algo se lamentaba como una calavera que grita su queja, retumbándose con sonido lúgubre los cascos del caballo, era una aparición sobrenatural que a los mismos soldados les hacía helar la sangre por lo que al escuchar y sentir esa presencia retornaban presurosos a su base de operaciones haciendo la señal de la cruz.

Todo esto iba a continuar hasta que el Capellán de la división en cierta ocasión en que se bañaba en el rio Pilcomayo, de pronto tuvo un estremecimiento súbito. Aturdido lanzó una mirada a la orilla de la playa, en tanto que un silencio profundo se dejó sentir en el lugar. Era la presencia de un ser sobrenatural que pretendía decirle algo. Cruzó los dedos y exorcizó al aparecido musitando dos avemarias.

Al retornó al Fortín se enteró del ajusticiamiento del susodicho bandolero del "Dos Pistolas" y sus apariciones frecuentes por las noches por las inmediaciones del lugar.

Al día siguiente con un piquete de soldados el capellán se dirigió al lugar del ahorcamiento hallándolo entre la espesura de la selva todos los huesos desparramados por todo el sector. Hizo recoger todos y le dio cristiana sepultura a estos despojos encontrados al pie de ese árbol nudoso y carcomido que sirvió para el colgamiento.

Enterrado como Dios manda, se tranquilizó el alma en pena del ajusticiado. Desde ese día dejaron de sentirse las apariciones y la tranquilidad retornó al lugar.

Leyendas y Relatos del Chaco Boliviano





Imaybe








IMAYBE


Rene Aguilera Fierro

Desde los albores de la conquista, el indígena fue considerado poco menos que un animal de carga; los españoles solo veían en ellos a los poseedores del codiciado oro o del secreto del dorado, aprovechaban de su fuerza de trabajo y les privaban de su libertad.

El Virrey del Perú don Francisco de Toledo, en 1574 dirigió la guerra contra los chiriguanos, a pesar de las matanzas, fracasó en su intento de reducirlos. Diez años después, la audiencia de Charcas resolvió declarar nuevamente guerra a los chiriguanos. La declaración expresaba: "Tenerles por cautivos y esclavos; mujeres y descendientes deberían quedar como Yanaconas, además dicha resolución, mandaba que se publique y se pregone a fuego y sangre para que los indígenas sean castigados y a los demás sirva de ejemplo.

Sin embargo, los nativos solo defendían su territorio, los españoles ingresaban a destruirles sus rancheríos, cementeras y aprovisionamientos, los indígenas capturados eran conducidos como esclavos.

En el corazón del Gran Chaco, en la aldea del cacique Chimeo vivía una pareja de chiriguanos, se amaban y eran felices; Iñiguazu, joven guerrero desde muy joven se había destacado por su valentía e inteligencia en la defensa de su tribu, así como de las incursiones que efectuaban a otros pueblos; astuto en las operaciones que preparaba contra los blancos. Junto al cacique Chimeo participó en varias ocasiones en treguas y conversaciones de paz, convenios en los que casi siempre fueron engañados; no obstante siempre respetaron la vida de sus adversarios. El joven Iñiguazu era un verdadero guía espiritual, su trabajo los compartía con Imaybé, su bella y joven esposa, era respetada por su laboriosidad e ingenio. Habían esperado con ansiedad la llegada de su primer hijo y el día estaba próximo; la dicha de Imaybé era incomparable felicidad que era compartida por la tribu. Cierto día la comunidad de Iñiguazu festejaba un acontecimiento, de pronto fueron sorprendidos por los soldados españoles que disparaban sus armas a diestra y siniestra, mataban a mujeres, ancianos y niños, incendiaban cosechas y derribaban chozas.

Pasada la sorpresa, Iñiguazu instruyó a Imaybé que huyera a la selva como medida de seguridad, además la vida de ella como del hijo que esperaba estaban en peligro. En el ínterin, ellos se reorganizarían para la defensa. Pero todo fue en vano, en la sangrienta masacre cayeron muchos indígenas, entre ellos Iñiguazu y el cacique Chimoa.

El Caray u hombre blanco, intrépido, arrogante e inescrupuloso, no contento con la masacre salió en persecución de los dispersos chiriguanos, no para capturarlos, sino para exterminarlos. Estaban próximos a Imaybé pero la condición adversa de la selva les dificultaba caminar y avanzar como deseaban, del mismo modo, la constitución de Imaybé tenía un límite y su estado de gestación no lo soportó; Imaybé dio a luz en un recodo de la maleza. Los pasos y voces enemigas cada vez más cerca, intimaban a la indefensa princesa, que en un estado de impotencia, invocó a Tumpa, el Dios de la selva para que la proteja de la carnicería humana de la que eran presa sus hermanos de sangre.

Tumpa, que tantas veces había castigado al usurpador, atendió la invocación de Imaybé y casi cuando estaban sobre ella, la convirtió en una planta de Toborochi, árbol pulposo y de hermosas flores, y a pesar de conservar Imaybé su forma, en posición inerme después del parto, el invasor no pudo percatarse de su presencia. Tumpa, prometió que un día devolvería su forma animada a Imaybé y a su niño recién nacido, cuando hayan terminado las injusticias, los odios y las guerras.


Esta tradición se ha conservado en labios de los indígenas de generación en generación, aseverando, que Tumpa, el dios de la selva, viendo a Imaybé expuesta a la atrocidad del invasor en el sublime alumbramiento, y como el tiempo era escaso y la presencia de los captores era inminente, de ahí que Imaybé con el niño aún entre los muslos fue convertida en la raíz del árbol de Toborochi o Yuchán.

Con el correr del tiempo, se había perdido el lugar exacto de estos acontecimientos, pero el progreso paulatino de esta parte de América, hizo que se Construyera la carretera al Gran Chaco por la zona de Tapecua, indudablemente, nadie pudo suponer que a sus orillas se encontraría a Imaybé.


La Viuda Negra en Tarija





La “viuda negra”, sin duda es una leyenda muy conocida por todo tarijeño, tanto que a cada paso se relatan los cuentos de sus apariciones. Muchos lugares en nuestra tierra chapaca han sido escenarios de sus supuestas e innumerables visitas. Entre ellos están el Cementerio General, la calle Cochabamba, el camino a San Blas y muchos otros parajes solitarios

En la región chaqueña la leyenda pervive y es relatada en las ya tradicionales noches de fogata. El escritor René Aguilera Fierro quien recuperó estas leyendas afirma que en Yacuiba era normal escuchar hablar sobre la “viuda negra”, quien es considerada un ser sobrenatural con muchas descripciones de su aspecto, pero casi todas son similares y siempre se la describe como una mujer alta, delgada, vestida con un manto negro. Sus apariciones suelen darse en caminos y lugares solitarios.

De esta manera afirman que hace algunos años atrás, para nadie era desconocida la existencia de la “viuda negra”. Su recorrido era de dominio público, se decía que transitaba por las calles de la antigua ciudad de Yacuiba. En Tarija su recorrido comprendía la calle Cochabamba, las calles Comercio y avenida San Martín; dando la vuelta la esquina, se tenía la calle Sucre y por el otro lado estaba la calle Martín Barroso. Ese era el circuito que adquirió fama a raíz de las diabólicas apariciones.

Según cuenta René Aguilera en todos los tiempos, épocas y lugares, siempre hubo tunantes y borrachitos nocturnos, Yacuiba no fue la excepción, más por el contrario era una marcada costumbre ofrecer serenatas de media noche, sea por cumpleaños, por amistad, por conquista, galantería o por lo que sea. Unos y otros conocían la versión de la existencia de la “viuda negra” por lo que se respetaba a cuanta dama se pudiera encontrar en horas avanzadas de la noche. Por costumbre o temor los varones preferían esquivarlas o no dirigirles la palabra. La creencia en la “viuda negra” era superior a todo instinto; situación que aprovechaban algunas señoras para recogerse a altas horas de la noche.

También se decía que aparecía en ciudades, parada a mitad de las cuadras y siempre estaba como ausente o en espera de algo. Casi siempre se relaciona con los hombres con una sonrisa tétrica, pero con las mujeres no se muestra ya que las odia. Muchas veces ha acompañado a los hombres sin hacerles ningún tipo de daño, sin embargo no siempre sucede lo mismo. Su aparición siempre es de noche y su manto negro se mueve con el viento. 

Muchos afirman ser testigos y víctimas de sus apariciones, sobre todo los hombres que en estado etílico se quedaban sin llegar a sus casas hasta altas horas de la noche. La “viuda negra” siempre aparecía caminando a unos pocos metros de su víctima y la esperaba para pedir que la acompañe hasta su casa. “¿Nos acompañaremos?” era la tradicional pregunta que solía hacer, luego mostraba una pequeña luz a lo lejos y afirmaba que ahí era su casa. Ocurrido esto la mayoría de los varones relatan no recordar lo sucedido después. Sólo cuentan sorprendidos que al día siguiente se encontraban tirados al medio de los matorrales o en algún basural. 

Una de estas historias nos la contó Alfredo Zegovia quien relata que en 1995, en su estado etílico iba hacia su hogar, camino a San Blas, pensando en qué explicaciones daría a su mujer por haberse pasado de copas. Mientras continuaba su camino escuchaba ruidos que se confundían con los ruidos habituales. Pero en un momento sintió un lamento, alzó la cabeza y vio a una mujer gigantesca cubierta por una túnica negra, de pronto ella se abalanzó y dijo: “Lo mataron hace muchos años. Y me dejo Sola”. Alfredo dice que corrió hasta la altura del club hípico y se metió entre los árboles de la cerca. “Tenía el rostro ensangrentado porque la vi a la cara”, afirma y añade que la viuda negra tenía su nariz con las cuencas vacías. 

Otra de estas experiencias la cuenta, René Aguilera Fierro quien relata que cierta vez un señor llamado Weimar Aparicio que se encontraba alojado en casa de la familia Vásquez, se recogía de una fiesta casi al amanecer y a la distancia pudo ver que por sobre la misma vereda se aproximaba una dama vestida de negro. El chaqueño Aparicio era un hacendado nacido y criado en el campo, acostumbrado a las vicisitudes de la naturaleza, era un tanto torpe y rudo en su manera de ser. Varias veces había escuchado hablar de la “viuda negra”, comentario al que jamás le dio crédito; por el contrario en su borrachera consideró una gran oportunidad para romper con aquella ridícula creencia, más bien pensó en conseguir una aventura casual, apresuró la marcha a fin de toparse con ella en un paso casi obligado que ofrecían unas grandes piedras y un poste sin luz; ya frente a ella le tocó el hombro. 

Le bastó aquello para que su cuerpo saliera expulsado por una extraña fuerza hacia las piedras, al mismo tiempo que miraba sorprendido a la dama, “era un rostro blanco, dientes enormes, ojos impresionantes, facciones diabólicas, era una horrible calavera”, manifestó el propio Aparicio. 

Lo que ocurrió después fue de dominio público, especialmente para los vecinos de la calle Cochabamba, lugar donde ocurrió este hecho. Se cuenta que don Weimar Aparicio ingresó como un loco en el dormitorio de los esposos Vásquez, tenía el rostro ensangrentado, gritaba horrorizado y decía ‘Ahí está, ahí está’, tanto los dueños de la casa como algunos vecinos alarmados acudieron al lugar atraídos por la gritería; reunidos inspeccionaron los alrededores, se valieron de lámparas y linternas pero no lograron ver ni encontrar nada, tampoco rastro en las arenas donde ocurrió el suceso”, continuó Aguilera. 

Añadió que al día siguiente, entre las piedras se pudo ver un viejo pañuelo de seda de color negro, en el mismo sitio donde el señor Aparicio suponía haber caído. Este pañuelo estuvo expuesto en el lugar durante mucho tiempo. El señor Weimar Aparicio, después de haber repetido una y otra vez su desafortunada experiencia de la víspera dijo que nunca más trataría de acercarse a una mujer en horas de la noche.

La leyenda de la Mujer Caníbal de Villamontes





Villamontes es un municipio y ciudad del sur de Bolivia, ubicado en el departamento de Tarija, dentro de la primera región autónoma de Bolivia, el Gran Chaco. Está ubicada en las laderas de la Serranía del Aguaragüe.
Las principales actividades económicas en la región son la ganadería y la pesca. 
De acuerdo con Karen Salvatierra, ciudadana de Villa Montes, el rumor sobre la mujer caníbal es algo que podría ser cierto puesto que hay miles de historias sobre ella, aunque ninguna confirmada por las autoridades y medios de comunicacion locales.
Los testigos cuentan que una mujer de aproximadamente 40 años de edad falleció por causas desconocidas, presuntamente por infarto. Relatan que cuando ella era velada por sus familiares y seres queridos, éstos se llevaron una gran sorpresa debido a que la difunta se levantó del cajón repentinamente y echó un grito macabro de mucha intensidad. La gente que estaba reunida en el velorio salió horrorizada del lugar. 
El marido asustado y de cierta manera con esperanzas, la atendió y trató de ayudarla, la resguardó en su hogar debido a que la gente del lugar decía que se le había entrado el “diablo” y le advirtieron al esposo que ya no era su mujer, el marido no hizo caso a estas advertencias de la gente y continuó protegiéndola. 
Pasados los días, la gente siguió rumoreando respecto a la mujer que habría vuelto del “otro mundo”, sin embargo con el transcurso de los días se dieron cuenta de la ausencia del marido quien no salía de su casa, ni tampoco sus hijos jugaban en la calle como antes. 
Días después se observó a la mujer deambulando por la calle como una indigente pero no hubo rastros del marido ni de los niños, parecía solamente una “loca”, así decían las personas que muy atentas explicaban sobre la existencia de la mujer, inclusive pudieron describirla. 
“La señora es blancona, no es alta, es media gordita y tiene el pelo claro, anda muy sucia como si viviera en la calle pero te da miedo”, cuentan habitantes de Villa Montes, algunas personas decían que la mujer habría cambiado su forma de alimentarse y que comía carne cruda e inclusive animales que encontraba deambulando por el lugar como ratas, ratones, gatos, perros u otros. 
Segun mencionan los pobladores que la conocian, algo que al parecer tampoco fue comprobado, la mujer primero atacó al marido y este murió por el daño ocasionado, se alimentó de su carne e hizo lo mismo con sus pequeños hijos, esta sería la razón por la cual no se veía al marido ni a los niños posterior al suceso del velorio.
Mencionan otros pobladores que policías habrían tratado de detener a la mujer e intentaron atraparla pero dada la agilidad de la misma a la hora de correr no podía ser atrapada, motivo por el cual los pobladores la llamaban la Condenada. “Las balas caían cuando le disparaban” mencionan, “Se comió también a una persona que también era indigente porque desapareció posterior a haber sido visto con ella”, afirma un poblador. 
Otros vecinos relatan que esta mujer habría estado deambulando por diferentes lugares aledaños a Villa Montes y Yacuiba, e inclusive otros dicen que pasó hasta por Camiri pero nada pudo ser confirmado.
Se pudo entrevistar el comandante policial de Villa Montes, Coronel Enrique Nogales, a quien se le preguntó si conocía información respecto al caso en cuestion, el aludido menciona que la historia es muy fuerte en el Chaco pero que sin embargo no cuentan con casos registrados. “Simplemente es un rumor, que lógicamente corrió como chisme pero no se tiene ningún hecho que tenga relación”, respondió Nogales. 
También mencionó que esto se estaría volviendo una leyenda al igual que “La llorona, “el silvaco” y otras. Resaltó que no se pude investigar un rumor. 
La Policía niega que se hayan generado hechos que tengan que ver con el canibalismo ya que no habría ningún registro de esto en el Chaco; empero la gente que vive y está constantemente en esta región, insiste en que una mujer caníbal ronda por las oscuras calles comiendo carne cruda de animales y seres humanos. Muchos ciudadanos en el Chaco ya han tomado sus previsiones. Evitan salir de noche y no transitan por calles alejadas.

LOS TESOROS DE SACAMBAYA

En agosto de 2017, el veterano cazador de tesoros Shawn Capuchas, Jeremy Whalen y Jack Peters llegaron a Bolivia junto a personal de Disc...